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Noticias de El Salvador - ContraPunto

Abril 18 / 2019

Política del dictador sin dictador

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Rafael Lara Martínez, ganador del Premio Nacional de Cultura 2011, habla sobre la cultura salvadoreña y las paradojas de la historia.   

Por Hugo Sánchez

SAN SALVADOR - Rafael Lara Martínez ha sido galardonado con el Premio Nacional de Cultura 2011 por el “arduo trabajo en el área de la recuperación de la memoria histórica”. Buena ocasión para conversar con él sobre la necesidad de explotar la historiografía en el país, lo que a él le lleva a desmitificar a uno de los escritores salvadoreños más reconocidos: Salvador Salazar Arrué (Salarrué).

Según Lara Martínez, este autor, que ha sido tomado como un dignificador y casi representante de la cultura indígena durante la dictadura de Maximiliano Hernández Martínez, en realidad era un colaborador del régimen en aquellos duros años 30.

Para el historiador, “Salarrué podía ser muy metafísico pero él tenía un cuerpo, y el cuerpo se alimenta”.

Lara Martínez también es uno de los estudiosos fundamentales del poeta Roque Dalton, asesinado por fanáticos izquierdistas en 1975. Hoy Dalton es el intelectual más reconocido de El Salvador en el mundo.

Estudió lingüística en México y Francia, donde completó su doctorado. Realizó estudios de posdoctorado en literatura latinoamericana en Carolina del Norte.

Ha publicado numerosos artículos y libros sobre literatura centroamericana y sobre lenguas indígenas en varios países y es colaborador de contrACultura.

Actualmente se desempeña en el Instituto Tecnológico y de Minas de Nuevo México, Estado Unidos. Además, se encuentra en tratamiento por un cáncer.

¿Qué opinión le merece ganar el Premio Nacional de Cultura 2011?

Bueno, en primer lugar es un reconocimiento a la obra, siempre es un aliciente para cualquier escritor el obtener un premio de ese tipo; y bueno también un reconocimiento a la crítica literaria e histórica del país, porque ésa ha sido mi mayor contribución; enfocar la historia a partir de la literatura y de la creación cultural.

Ahora, desde su perspectiva ¿cómo ve la cultura en general en El Salvador?

Para mí lo que se necesita es ahondar un poco más en la historiografía literaria en El Salvador, que es el trabajo que he realizado, no solo la crítica, sino todo el contexto histórico de una obra. Un ejemplo, Cuentos de Barro, es una obra muy conocida y hay muchos escritos actuales sobre la misma; la cuestión no es solo como nosotros leemos Cuentos de Barro actualmente, sino también como esa obra fue recibida en su momento; eso es lo que llamó historiografía literaria, explorar no solo el contexto literario, sino también el político.

Por ejemplo Cuentos  de Barro, ¿cómo fue recibida en 1933, un año después de la masacre? ¿Cómo fue recibida por los medios oficiales de Martínez?, todavía ese contexto es bastante desconocido.

Ahora se dice que Cuentos de Barro revaloriza al indígena, claro, lo revaloriza en nombre de Martínez, así se percibió en la época, no se percibió como un ataque a Martínez, al contrario fue una revalidación de la política oficial. Ahí viene un contraste de cómo nosotros percibimos la obra y como fue percibida en su época.

¿Cree usted que este tipo de estudios está de “capa caída” o no es muy explotado en el país?

Claro, está de capa caída, porque significa un trabajo de archivo que no muchos desean realizar, es más fácil decir (José) Mejía Vides valorizó al indígena de Panchimalco. Bueno, pero también lo revalorizó los medios oficiales del “Martinato”, ¿Por qué esta acción es paralela, el desarrollo de la plástica Mejía Vides o de Cáceres Madrid y los elogios que estos reciben en los periódicos oficiales?

Actualmente, ¿el Estado genera las condiciones para que se desarrolle este tipo de estudios?

Podría ser el Estado, pero también las instituciones universitarias, por ejemplo hacer seminarios permanentes de historiografía salvadoreña, pero una historia de la cultura, porque siempre se ha entendido la historia únicamente en el sentido político, social y económico. ¿Por qué no habría un seminario en la UES, en la UTEC, en la UCA, que rescate estos archivos?, no solo le corresponde al Estado, sino también a las instituciones académicas, artísticas.

¿Qué hace falta estudiar en el país?

Rescatar la literatura indígena. En este momento hay pocos volúmenes, si no hay ninguno, sobre literatura indígena salvadoreña; editar un libro sobre el rescate de la literatura indígena salvadoreña es algo vital. No hay América sin dimensión indígena.

¿Qué papel juegan los medios de comunicación en torno a la cultura?

Bueno, en los medios de comunicación todavía existe una confusión enorme. Por ejemplo se confunde el nahuat pipil con el náhuatl mexicano, porque la distinción es muy sutil, si es con “t” es de El Salvador y el de México es con “tl”, incluso el nombre indígena de El Salvador, Cuzcatlán, no es pipil, ese nombre lo dan los tlaxcaltecas, que son los que acompañan a Pedro de Alvarado. Entonces hay mucha confusión todavía.

¿Falta especialización de los medios en cultura y en el tema indígena?

Más que una especialización, sería como una cultura general de lo que somos, como se ve en muchas universidades todavía no existe cátedra sobre el nahuat pipil, expandir nuestra cultura general sobre lo que somos.

¿Hace falta leer a los autores salvadoreños?

Se tiene que implementar la lectura de los autores nacionales y de las lenguas indígenas del país. ¿Por qué no hay una cátedra en los institutos públicos que obligue a leer ciertos autores tanto en español como en lenguas indígenas?

Entonces, no ha sido muy explorado el sector indígena salvadoreño.

Por supuesto que no, lo que se ha llamado indígena en El Salvador, ha sido un simulacro; tenemos que rescatar como el indígena se ve así mismo, yo digo que el hablar en nombre de un pueblo se ha vuelto más importante que el habla de un pueblo. ¿Por qué hay tan pocos estudios sobre literatura indígena? No hay un solo volumen en la DPI (Dirección de Publicaciones e Impresos) sobre literatura indígena.

¿Es una deuda hacia los pueblos indígenas?

Por supuesto, para no seguir sustituyendo la palabra del pueblo (indígena) por lo que  nosotros decimos del pueblo mismo, esa es una confusión; ante un cuadro de Mejía Vides o ante Cuentos de Barro, yo no digo “esto es el indígena”, no hay que confundir la imagen del indígena con el indígena, o el que habla en nombre del indígena con el indígena hablando.

¿Es el caso de Salarrué?

Claro, incluso los salarreulianos tienen miedo y esconden la documentación primaria sobre la colaboración entre Salarrué y los gobiernos militares. No solo de espíritu vive el humano; Salarrué podía ser muy metafísico pero él tenía un cuerpo, y el cuerpo se alimenta.

Entonces él estuvo en relación muy estrecha con Martínez a través de la logia Teo (la Teosofía), y ¿por qué ese temor a revelar este enlace estrecho entre Salarrué y Martínez? Es obvio, eso está en la documentación oficial. Yo no estoy defendiendo a Martínez, no soy martinista, pero estoy haciendo historia de manera objetiva; no simplemente proyectando mi deseo hacia el pasado.

¿Debe haber un desmitificación de la figura de Salarrué?

No solo de Salarrué. En un escrito reciente que acaba de salir de la Universidad Don Bosco que se llama “Política de la cultura del martinato”, ahí transcribo una carta del padre de Sandino; los sandinistas apoyaron a Martínez, los masferrerianos apoyaron a Martínez; algo muy sencillo, la esposa de Alberto Masferrer recibió pensión vitalicia de Martínez; quien compró el periódico de Masferrer “Patria” fue precisamente (Alberto) Guerra Trigueros, amigo de Salarrué, quien apoyo a Martínez.

La historia de El Salvador es una película de vaqueros, los buenos contra los malos; Se está endiosando a Martínez, porque se pone como un dictador todopoderoso, pero a los escritores como los buenos, los santos.

¿Entonces esta elite cultural de la época estaba ligada el régimen militarista?

Claro, nómbreme los escritos que denunciaron la matanza entre 1932 y 1944, ¿quién denuncio la matanza? Ahora nos parece que la matanza, que marcó que la época… pero en ese momento cuento con los dedos los escritos de denuncia, y de ésos, ninguno de ningún intelectual salvadoreño.

¿”Mi espuesta a los patriotas”, de Salarrué?

Pero ahí no denuncia la matanza, ahí dice que los indígenas son soñadores, no recuerdo exactamente las palabras, pero dice que los indígenas están contentos en su trabajo, y que no les interesa la política. No promueve los derechos de los indígenas, él no está diciendo el general Martínez, el ejército salvadoreño y los patriotas, porque él está hablando con sus patriotas.

Es una lectura (que Salarrué  denunciaba la masacre indígena de 1932) que se ha hecho a Salarrué, pero con un solo documento y ¿por qué si Salarrué se opuso a Martínez acepta cargos oficiales?

“Mi respuesta a los patriotas” ha servido para no hacer historiografía, es un documento ¿contra cuántos documentos más?

¿Dónde está Salarrue en 1932 según el boletín de la Biblioteca Nacional? Está apoyando la política de la cultura. ¿Qué sucede en 1934 cuando Martínez renuncia a la presidencia? ¿Dónde está Salarrué cuando Martínez retorna? ¿Quién es el delegado oficial al evento artístico al evento artístico más importante de la época, que es la Primera Exposición Centroamericana de Artes Plásticas? El delegado oficial por decreto Ejecutivo es Salarrué. Se quiere hacer historia con un documento. Se está haciendo historia sin historiografía.

Cuentos de Barro, si se leen los periódicos oficiales, como el boletín de la Biblioteca Nacional, fuer percibida como un honor para el campesino-indígena, era elevarlo a un héroe pero en honor a Martínez, no en contraposición a su gobierno, como ahora se percibe. Sino en coincidencia a lo que el periódico oficial llamaba “política de la cultura” o “política del espíritu”, y el término lo forma Salarrué mismo, hay una consonancia en la elevación del indígena a nivel literario-artístico y la política de Martínez. La política de Martínez es el indigenismo en literatura y pintura.

Muchos que reivindican a Salarrué,  ¿por qué esconden la colaboración de Salarrué con Martínez? Porque se están apropiando de la política de Martínez sin Martínez.

Incluso los sandinistas, Gustavo Alemán Bolaños, quien escribe una de las primeras biografías de Sandino está en El Salvador en 1932, y está apoyando a Martínez; Juan Felipe Toruño apoya a Martínez.

¿Esto sucede con otros autores nacionales?

Por supuesto, con Mejía Vides, con la recuperación de Panchimalco, pero la recuperación de Panchimalco está en el periódico oficial de Martínez; con (Luis Alfredo) Cáceres Madrid con ese cuadro famoso “La escuela bajo el amate” esta honrando a Martínez; incluso con María de Barata, que es el trabajo más sofisticado que existe en la época sobre la transcripción del nahuat.

La única persona salvadoreña que en esa época podía realmente transcribir el nahuat era María de Barata, Salarrué nunca transcribió el nahuat. Algo más paradójico, ¿quién apoya a Martínez? Amparo Casamalhuapa, que después de casó con (Alejandro Dagoberto) Marroquín; ella era miembro de Alberto Masferrer en 1930, ella critica a Martínez, pero hasta el 37 ¿pero en el 32-33?

Paradojas de la historia, en el caso de Roque Dalton ¿se da alguna de estas paradojas?

Hay unas paradojas muy claras en Dalton, por ejemplo el gobierno actual no puede publicar a Dalton(*), el primer gobierno de izquierda. La poesía completa la publicó el gobierno anterior, o sea, ARENA. Es una contradicción bastante fuerte; ése son el tipo de paradojas al que nos enfrentamos. 

NdelE (*) La familia de Roque Dalton ha prohibido al actual gobierno la publicación de las obras literarias y políticas de Dalton, además de no usar su nombre ni su obra hasta que el gobierno resuelva la impunidad en que ha incurrido al tener entre sus principales funcionarios, Jorge Meléndez, actual Secretario Presidencial para la Vulnerabilidad, quien es uno de los asesinos de Roque Dalton (1935-1975). El otro acusado y asesino confeso es Joaquín Villalobos, actual asesor del presidente mexicano Felipe Calderón


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