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Noticias de El Salvador - ContraPunto

Abril 20 / 2019

Transformación de lo político y educación

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Oscar A. Fernández O. (*)

 

La teoría materialista de que los hombres son producto de las circunstancias y

de la educación, y de que por tanto, los hombres modificados son producto de

circunstancias distintas y de una educación modificada, olvida que son los

hombres, precisamente, los que hacen que cambien las circunstancias y que el

propio educador necesita ser educado (...)

K. Marx “Tesis sobre Feuerbach”, 1845


SAN SALVADOR - Con frecuencia, la democracia se confunde con el liberalismo económico o con capitalismo. La democracia no es el "laissez-faire" económico; el liberalismo económico nació en el siglo XIX y la democracia surgió hace 2.500 años. La democracia no es un partido, no es una religión, ni es una ciencia. La democracia es una forma de ver el mundo, es una cosmovisión, una forma de vida y la educación debe de ser la impulsadora principal. La radicalización de la democracia nos llevará sin duda, a la transformación de la educación y viceversa.

 

Las evidentes deficiencias de nuestro sistema educativo y los reiterados fracasos de la mayoría de estudiantes en todos los niveles de las instituciones públicas y privadas, nos van expandiendo tanto la conciencia de la necesidad como la gran limitación de la formación así entendida. Su evidencia está sin duda centrada en la ausencia de producción de pensamiento estratégico, la carencia de una conciencia crítica y el cada vez mayor predominio de los valores culturales autoritarios, hedonistas y consumistas que se reproducen con rapidez en todos los ámbitos de nuestra vida social y cultura posmoderna, impuesta por un sistema educativo globalizado en función de la expansión del mercado.

 

Las teorías dominantes más conservadoras sobre el aprendizaje como legado de un análisis mecanicista intelectualmente ya superado, pero vigente en este sistema, establecen su énfasis en lo hereditario que se traslada al campo social y sirve para justificar las grandes desigualdades. Como complemento de esto, en nuestro medio se sigue creyendo que el aprendizaje es una cuestión exclusiva de las prácticas pedagógicas y otras propuestas didácticas. Las corrientes más progresistas y recientes estudios niegan con evidencias lo anterior estableciendo que “No hay nada en el ser humano que no tenga que ver con lo biológico, lo psíquico y lo social en una interacción dinámica que involucran la experiencia y el ambiente en el que se desarrolla”, de tal manera que la función de la educación es mejorar ese ambiente y enriquecer la experiencia de aprendizaje, con métodos, técnicas e instrumentos científicos actualizados que nos conduzcan de manera eficaz, al objetivo.

 

Recientes estudios realizados por avanzadas instituciones europeas y latinoamericanas, demuestran que toda propuesta curricular para la formación de alumnos y docentes se sustenta fundamentalmente en una teoría sobre el aprendizaje y una postura epistemológica acerca de la disciplina de enseñar, tomando en cuenta al sujeto que aprende, al sujeto que enseña y a  la institución que los reúne.

 

Las instituciones de enseñanza en todo nivel, conservadoramente continúan desarrollando las viejas tesis educativas, sin enterarse de que el mundo civilizado y democrático ha evolucionado más allá del monopolismo capitalista y la forma de hacer negocios. Estas teorías y prácticas no ponen énfasis en el desarrollo intelectual de alumnos y maestros, sino en la internalización de actitudes pasivas, sumisas y acríticas del adoctrinamiento, que dirigen su atención en los aspectos formales y burocráticos de la enseñanza y el aprendizaje.

 

Por su lado, la formación cualitativa de los profesores siempre ha sido una aspiración de las políticas educativas, pero en El Salvador se demuestran no ser prioritarias ni claras, producto de un sistema político en decadencia. La realidad nos constata diariamente en las escuelas, los institutos y las universidades, el menosprecio de éstas instituciones públicas y privadas hacia el trabajo de los que profesores. No se entiende ni cuál ni cómo es el problema, evidenciando que no nos interesa ser una sociedad con conciencia desarrollada y crítica.

 

Los profesores no son considerados por los demás ni por ellos mismos, como profesionales especializados en técnicas pedagógicas y creación científica, sostiene Jean Piaget. El reconocimiento profesional dependerá mucho de lo que se logre respecto de su formación y del rescate de su experticia es decir, que sean capaces de resolver los problemas epistemológicos y pedagógicos que ello implica, explicitando con claridad de qué se pueden hacer cargo y de qué no. Esta experticia supone reconocer y analizar científicamente, que la enseñanza es un problema muy complejo, determinado por muchas causas y un entramado complicado que no puede ser abordado totalmente desde una sola perspectiva disciplinaria. Por su parte, Vigotsky sostiene que se debe promover un cambio radical en la mentalidad y función del maestro, concebido como creador de las condiciones propias para que el aprendiz sea capaz de construir sus propios esquemas conceptuales. Estimular un compromiso mayor de los estudiantes para que se comprometan de manera más activa y consciente con su aprendizaje, orientado al conocimiento de la realidad histórica.

 

Generalmente se entiende la formación del profesor como la adquisición pasiva de parte de éste de datos específicos sobre la materia que tiene a su cargo, además de algunos temas psicológicos, pedagógicos o didácticos. El profesor asiste a escuchar disertaciones temáticas y adquiere una certificación, con la que no hay garantía que su práctica se enriquezca y modifique. No se entiende aún que la formación debe llevarnos a una revisión crítica de la práctica docente, en su calidad de alumno o profesor.

El buen funcionamiento del sistema de formación permanente del profesorado debe garantizar una adecuada comprensión de los objetivos y de las reformas curriculares que se proponen, evitando, con suficiente número de cursos de reciclaje, la desinformación y la inseguridad de los profesores ante los cambios que se proyectan.

 

El sistema educativo está exigido a convertirse en un instrumento liberador de los seres humanos y el progreso de los pueblos y deje ser lo que hasta hoy es en El Salvador, un reproductor de ideologías exaltadas, de culturas deformadas o de enseñanza privada, cuyo ánimo es principalmente el lucro desmedido y no el conocimiento.

 

La consolidación y el desarrollo de la democracia dependen no sólo del conocimiento de los valores democráticos, sino también y de manera decisiva del aprendizaje y puesta en práctica de los mismos. Inculcar a la vez el ideal y la práctica de la democracia, así como revertir el desafecto creciente de los ciudadanos por los asuntos públicos, representa un desafío tanto para el sistema político como para el sistema educativo nacional.  Si bien este tema demanda la concurrencia de diversas disciplinas y su exploración desde distintos ángulos o puntos de vista, dada su amplitud y complejidad comprende dimensiones generales que se constituyen en fértiles puntos de partida para tratar acerca de la educación para la democracia. Entre estos ejes analíticos que animan la reflexión se incluyen la perspectiva de género, la educación ciudadana y las políticas públicas.

 

Para sentar las bases progresistas de la educación en función de la democracia efectiva, debe comenzar con un franco reconocimiento de las realidades: la democracia no está funcionando bien en varios países de América Latina, particularmente en nuestros atrasados países, que recién salen del yugo de las dictaduras oligárquicas, que sembraron raíces profundas de una cultura autoritaria y acrítica que priva en nuestra sociedad. Aún no descansa sobre sólidos cimientos de elementos culturales, eficacia y compromisos políticos. El desafío se plantea en términos de rediseñar y reforzar las instituciones democráticas y cambiar la cultura subyacente heredada.

 

Estoy convencido, por la experiencia histórica de la que formé parte (60´s- 70´s) que uno de los sectores llamados a transformar en avance educativo la descuidada cultura democrática del país, es sin duda el estudiantado. Ser protagonista del proceso formativo implica ubicarse en el centro de este y desempeñar activamente las funciones centrales del mismo. Este hecho interpela también a profesores y directivos a fomentar formas variadas de participación, dado que constituye uno de los ejes articuladores de las prácticas sociales en la escuela y promueve y garantiza el desarrollo de los estudiantes. Si estos operan activa, deliberada y organizadamente pueden tomar mayor conciencia del sentido y derivaciones de su participación y podrían transformarse en los verdaderos protagonistas del proceso.

 

Los cambios que experimenta nuestro régimen político, aunque no son radicales, esperan tener grandes repercusiones en el sistema educativo. Algunas están ya en marcha y las reacciones furibundas de intereses económicos poderosos tradicionales y otros secundarios, no se han hecho esperar.

 

Los conceptos asociados al cambio político y como consecuencia al sistema educativo, cómo rediseño institucional, reforma, revolución, nuevo enfoque del desarrollo, equidad, igualdad, etc., suelen desgastarse cuando su discurso es predominantemente retórico. Sobre todo, cuando se han ofrecido cambios que generan expectativa entre las masas. Cuando el nuevo gobierno se enfrenta a sectores que pretenden conservar el antiguo régimen de educación, resulta tentador so pretexto de mantener la “gobernabilidad”, continuar con los viejos y ya desgastados sistemas educativos. Pero es difícil y contraproducente mantener el viejo sistema educativo, que desde luego es apoyado por sectores burocráticos del statu quo y  algunos sindicatos magisteriales que se han visto beneficiado por éste.

 

 

Es necesario recuperar los planteamientos originales de que la Educación es para Todos y su "visión ampliada de la educación básica": una educación capaz de satisfacer las necesidades básicas de aprendizaje de todos y todas (niños y niñas, jóvenes y adultos), dentro y fuera del sistema escolar (familia, comunidad, lugar de trabajo, bibliotecas y centros culturales, medios de comunicación, acceso a las modernas tecnologías, etc.) y a lo largo de toda la vida. Es indispensable recuperar para la educación y para la política educativa la visión multisectorial, entendiendo que los problemas no se explican ni se resuelven exclusivamente desde lo educativo, sino desde una política económica y social responsable del bienestar de las mayorías, es decir de un Estado en función social.

 

A la larga, conservar el viejo esquema educativo excluyente y de baja eficiencia en rendimiento, puede traer aparejado que el nuevo gobierno y el partido pierdan apoyos importantes de los electores. El cambio político, sobre todo cuando se piensa en largo plazo, debe de ir acompañado de un conjunto de transformaciones sustanciosas en el sistema educativo. ¿Alguna vez lograremos transformar al Sistema educativo? O seguiremos siendo grupos sujetados esperando la Disciplina del Poder.

(*) Columnista de ContraPunto

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